Hay frases que desaniman a cualquier madre o padre:
"No quiero leer."
"Es un rollo."
"Prefiero hacer otra cosa."
Cuando un niño dice que leer le aburre, es fácil pensar que tenemos un problema. Pero casi nunca el problema es la lectura. Y esa diferencia lo cambia todo.
Porque un niño que hoy asegura que los libros son aburridos puede convertirse, dentro de unos meses, en ese lector que pide "un capítulo más" antes de apagar la luz.
La pregunta no es si le gusta leer. La pregunta es qué experiencia está asociando a la lectura.
A casi nadie le gusta hacer algo que siente como una obligación
Imagina que alguien te dijera que, a partir de hoy, todas las noches tienes que ver una película que no has elegido. Que debes terminarla, aunque no te interese. Y que después tendrás que explicar de qué trataba.
Probablemente dejarías de disfrutar del cine muy pronto. Con los libros ocurre algo parecido.
Cuando la lectura deja de ser una elección y se convierte únicamente en una tarea, es normal que muchos niños pierdan el interés. No porque los libros sean aburridos. Sino porque la experiencia ha dejado de ser agradable.
Muchas veces el problema no está en el niño. Está en el libro.
Hay niños fascinados por los animales. Otros viven obsesionados con el espacio. Algunos solo quieren historias de misterio. Y otros pasan semanas enteras leyendo cómics.
Esperar que todos disfruten del mismo libro es como pensar que todos los adultos deberíamos leer la misma novela.
No funciona.
El gusto lector también se construye. Y, para construirlo, hace falta descubrir historias que conecten con cada persona.
Leer bien no significa leer novelas
Este es uno de los grandes mitos.
Hay familias que se preocupan cuando su hijo solo quiere leer cómics, álbumes ilustrados o libros llenos de curiosidades.
Sin embargo, todo eso también es lectura. Y, muchas veces, es el puente que lleva después a otros formatos.
Lo importante no es empezar por un tipo concreto de libro, sino empezar por aquel que despierta la curiosidad.
El error que cometemos sin darnos cuenta
Con la mejor intención del mundo, muchas veces elegimos los libros pensando en lo que nosotros creemos que deberían leer. No en lo que realmente les apetece.
Queremos que aprendan. Que mejoren el vocabulario. Que practiquen. Que lean "algo más serio".
Pero el placer suele llegar antes que el aprendizaje.
Cuando un niño disfruta leyendo, todo lo demás acaba llegando.
¿Y si simplemente todavía no ha encontrado su libro?
Hay una pregunta que merece la pena hacerse antes de decir que a un niño no le gusta leer: ¿Cuántos libros diferentes ha podido descubrir realmente?
Porque no es lo mismo tener acceso a dos o tres títulos que poder explorar historias, autores, personajes y formatos distintos hasta encontrar aquello que le emociona.
A veces pensamos que un niño no disfruta de la lectura cuando, en realidad, solo necesita más oportunidades para encontrar el libro adecuado.
Tener más opciones no significa comprar más libros
Los intereses infantiles cambian con una velocidad sorprendente. Hoy todo gira alrededor de los dinosaurios. Dentro de unos meses quizá solo quiera leer historias de detectives. Y el próximo año descubra la fantasía. Por eso muchas familias sienten que comprar libros continuamente no siempre tiene sentido.
La buena noticia es que existen otras maneras de acceder a la lectura.
Las bibliotecas, los intercambios entre familias o los servicios de préstamo permiten descubrir libros nuevos sin necesidad de acumularlos en casa.
Ese modelo tiene una ventaja que a veces pasa desapercibida: da libertad para probar.
Si una historia no conecta, simplemente se busca otra. Sin haber hecho una gran inversión.
Esa libertad hace que muchos niños se atrevan a explorar géneros y autores que, de otra manera, quizá nunca habrían conocido.
Y esa es precisamente una de las ideas que inspira Voltereta: facilitar que cada niño encuentre los libros que encajan con su momento, sabiendo que sus intereses evolucionan constantemente.
Cinco ideas que suelen funcionar mejor que insistir
No existen recetas mágicas, pero sí pequeños cambios que marcan la diferencia.
Escucha qué le interesa de verdad.
Un libro sobre volcanes puede despertar más interés que una novela elegida únicamente por la edad recomendada.
Deja que participe en la elección.
Sentir que decide aumenta la motivación.
No descartes formatos diferentes.
Los cómics, los libros ilustrados o los libros informativos también crean lectores.
Lee con él, aunque ya sepa leer solo.
Compartir una historia sigue siendo uno de los mayores motores de la lectura.
No conviertas cada libro en un examen.
A veces basta con preguntar: "¿Qué parte te ha gustado más?".
¿Y si sigue diciendo que leer le aburre?
Entonces, quizá, en lugar de preguntarnos: "¿Cómo consigo que lea?", podemos preguntarnos: "¿Qué tipo de historia todavía no ha descubierto?".
Ese pequeño cambio de enfoque transforma por completo la manera de acompañar la lectura.
Porque el objetivo nunca ha sido que los niños lean por obligación, sino que encuentren historias capaces de emocionarlos.
Nadie nace sabiendo qué libros le van a apasionar
Los adultos tampoco sabemos si un libro nos va a gustar antes de leerlo, o al menos de empezarlo.
Probamos. Abandonamos novelas. Descubrimos autores. Volvemos a leer libros que nos encantaron años atrás.
Los niños también necesitan ese proceso. Necesitan libertad para equivocarse, para cambiar de opinión y para descubrir qué tipo de lector quieren ser.
Y cuanto más fácil les resulte acceder a historias diferentes, más posibilidades tendrán de encontrar ese libro que haga desaparecer, casi sin darse cuenta, la frase:
"Leer es aburrido."
Elegir una lectura que conecte con los intereses y el momento que está viviendo cada niño puede cambiar por completo su relación con los libros.
Si quieres profundizar en ello, puedes leer nuestra guía Cómo elegir libros infantiles según la edad de tu hijo (guía completa de 0 a 12 años).
Y si alguna vez has sentido que comprar libros para probar diferentes opciones no siempre es fácil, recuerda que existen alternativas como las bibliotecas o los servicios de préstamo. Lo importante no es tener muchos libros en casa, sino que cada niño tenga la oportunidad de encontrarse con esas historias que le harán querer volver a leer.