"¿Cuánto tiempo debería leer?"
Diez minutos. Veinte. Media hora. Un capítulo. Diez páginas.
Es una duda que aparece con frecuencia cuando queremos saber si nuestros hijos están leyendo lo suficiente. Buscamos una cifra que nos permita saber si lo estamos haciendo bien.
Pero con la lectura infantil los minutos no lo son todo. Porque no es lo mismo leer diez minutos con ganas que leer treinta mirando el reloj. Y tampoco es lo mismo leer porque toca que terminar un cuento y pedir otro.
¿Existe un tiempo de lectura recomendado según la edad?
Es habitual encontrar tablas que establecen cuántos minutos debería leer un niño dependiendo de su edad. Pueden ser orientativas, pero no conviene convertirlas en una norma.
Un niño de seis años que acaba de descubrir un libro que le apasiona puede pasarse mucho más tiempo leyendo que otro que todavía está adquiriendo soltura.
Y porque un niño lea solo durante cinco minutos un día no significa que haya perdido su hábito lector.
La lectura no funciona como una actividad que podamos medir únicamente con un cronómetro.
Leer un poco cada día puede ser más importante que leer mucho de vez en cuando
Aquí sí hay una idea que merece la pena conservar: la regularidad ayuda.
Un pequeño momento de lectura incorporado a la vida cotidiana puede convertirse, con el tiempo, en un hábito.
Puede ser antes de dormir. Después de la merienda. Mientras esperamos una cita. Durante un viaje. O simplemente cuando el niño encuentra un rato tranquilo y decide abrir un libro.
No hace falta que todos los días sean iguales. Lo importante es que la lectura tenga un lugar en la vida cotidiana.
¿Y si mi hijo solo lee diez minutos?
No pasa nada. De verdad.
Si esos diez minutos son diez minutos de disfrute, ya tenemos algo importante.
Quizá mañana sean quince. Quizá pasado mañana no quiera leer. Y quizá el fin de semana encuentre un libro que le tenga entretenido durante una hora.
El hábito lector no se construye a base de cumplir una cuota diaria. Se construye a través de muchas experiencias positivas con los libros.
Hay días en los que no apetece leer
También nosotros tenemos días en los que no nos apetece leer.
Estamos cansados. Tenemos la cabeza en otra parte. Preferimos ver una película o salir a dar un paseo.
¿Por qué esperamos que los niños sean diferentes?
Las vacaciones, los fines de semana, los cambios de rutina o simplemente un día complicado pueden hacer que lean menos.
No significa que estén dejando de ser lectores. El hábito se construye a largo plazo.
Más importante que cuánto lee es qué experiencia tiene mientras lee
Imagina dos situaciones.
En la primera, un niño lee veinte minutos porque sus padres le han dicho que tiene que hacerlo. Mira continuamente cuánto le queda perdiendo el hilo de la historia y, cuando termina el tiempo, cierra el libro.
En la segunda, otro niño lee diez minutos inmerso en la historia porque quiere saber qué ocurre en la siguiente página.
¿Cuál de los dos está construyendo una relación más positiva con la lectura?
Probablemente el segundo, aunque haya estado menos tiempo leyendo.
Por eso, además de preguntarnos cuánto lee nuestro hijo, merece la pena observar otras cosas:
¿Disfruta?
¿Elige libros por iniciativa propia?
¿Habla de las historias que lee?
¿Vuelve a sus cuentos favoritos?
Son señales mucho más interesantes que el número exacto de minutos.
¿Qué pasa si mi hijo no quiere leer todos los días?
No hace falta convertirlo en una batalla.
Si la lectura diaria está generando discusiones, quizá sea el momento de revisar cómo la estamos planteando.
Podemos probar a:
- dejar que elija qué quiere leer;
- ofrecer diferentes formatos;
- leer juntos;
- recuperar un cuento que le haya gustado;
- cambiar el momento del día;
- permitir que deje un libro que no le está gustando.
Y, sobre todo, darle oportunidades para descubrir qué le interesa.
A veces no es que un niño no quiera leer. Es que no quiere leer ese libro.
El libro adecuado puede cambiarlo todo
Hay niños que parecen no tener ningún interés por los libros hasta que encuentran una historia que les engancha. De repente quieren saber qué ocurre.
Buscan otro libro del mismo autor. Piden que les leamos un capítulo más. O empiezan a buscar historias parecidas.
Por eso elegir bien las lecturas es tan importante.
No se trata de encontrar el libro "perfecto" según la edad, sino de encontrar libros que conecten con ese niño: sus intereses, su momento, su nivel lector y también su estado de ánimo.
Si necesitas algunas pistas para hacerlo, puedes consultar nuestra guía Cómo elegir libros infantiles según la edad de tu hijo (guía completa de 0 a 12 años).
Tener libros diferentes a mano también facilita la lectura
Hay algo que suele ocurrir cuando los niños empiezan a desarrollar sus propios gustos: cambian constantemente.
Un mes quieren aventuras. Después solo quieren humor. Más tarde descubren los cómics. Y de repente aparece una obsesión por los animales, el espacio o los dinosaurios.
Tener acceso a diferentes historias permite acompañar esos cambios.
Y aquí el préstamo tiene mucho sentido.
No todas las familias necesitan comprar cada libro que quieren probar. Las bibliotecas, los intercambios y los servicios de préstamo permiten descubrir nuevas lecturas, devolver las que no han funcionado y quedarse más tiempo con aquellas que sí han conseguido despertar algo.
En Voltereta partimos precisamente de esa idea: que los libros puedan cambiar al mismo ritmo que los niños.
La selección de una familia no tiene por qué ser siempre la misma porque sus hijos tampoco lo son.
Hoy puede necesitar un cuento corto para volver a disfrutar de la lectura. Mañana quizá quiera una novela de aventuras. Y dentro de unos meses, un cómic.
Poder probar diferentes historias sin llenar la estantería de libros que quizá no vuelvan a abrirse también forma parte de una manera más flexible de acompañar la lectura.
¿Deberíamos poner un límite de tiempo para leer?
Puede ser útil establecer momentos habituales para la lectura, especialmente cuando los niños todavía son pequeños y necesitan ayuda para construir rutinas.
Pero una rutina no tiene por qué convertirse en un límite rígido.
Si un niño está completamente metido en una historia y quiere seguir leyendo, quizá no tenga mucho sentido decirle que debe parar porque ya ha cumplido sus veinte minutos.
Del mismo modo, si un día apenas tiene ganas, obligarle a continuar durante media hora tampoco hará que quiera leer más mañana.
La rutina debe estar al servicio de la lectura, y no al revés.
¿Y si lee muy poco?
En lugar de mirar únicamente la cantidad, podemos mirar la evolución.
¿Lee ahora más que hace unos meses?
¿Busca libros por iniciativa propia?
¿Se siente cómodo leyendo?
¿Ha descubierto algún género que le entusiasme?
¿Empieza a hablar de los personajes y las historias?
Son pequeñas señales que indican que algo está creciendo. Quizá todavía no lea durante media hora seguida. No importa. Si sigue leyendo por placer poco a poco irá ampliando ese tiempo de lectura.
No queremos niños que lean porque toca
Queremos niños que, algún día, estén aburridos y piensen:
"Voy a coger un libro."
Que entren en una librería y quieran mirar.
Que vayan a una biblioteca y no sepan por dónde empezar porque hay demasiadas historias interesantes.
Que encuentren un libro que les guste tanto que no quieran apagar la luz.
Pero para llegar hasta ahí, no necesita cumplir cada día con una cifra perfecta. Necesita tener buenas experiencias con los libros.
Entonces, ¿cuánto debería leer un niño al día?
Si has llegado hasta aquí buscando una cifra concreta, quizá esta respuesta te decepcione:
no hay un número mágico de minutos.
Lo que sí podemos hacer es procurar que la lectura tenga un espacio habitual en la vida de nuestros hijos, respetar sus ritmos, ofrecerles libros variados y dejar que descubran qué historias les gustan.
Porque cinco minutos disfrutando de la lectura valen más que una hora de lectura vivida como un castigo.
Al final, quizá la pregunta que te tienes que hacer no sea:
"¿Cuánto ha leído hoy?"
sino:
"¿Le han quedado ganas de volver a leer mañana?"
Ahí es donde empieza, de verdad, el hábito lector.
Sigue descubriendo respuestas sobre la lectura infantil
Esta es una nueva entrega de "Preguntas que todas las familias se hacen sobre la lectura", una serie en la que hablamos de esas pequeñas dudas que aparecen cuando acompañamos a nuestros hijos en su camino como lectores.
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